Los secaderos han evolucionado desde sus inicios, aunque cabe destacar que los más característicos son los construidos con madera y cañas. Otros fueron construidos en materiales de obra.Los más antiguos se caracterizan por tener palos de Chopo (de las denominadas “alamedas”, abundantes en la Vega del Genil), que conforman la estructura de estas construcciones. Su altura es de aproximadamente de entre seis y diez metros. En el techo se aprovechan materiales de metal, fijados con tornillos a la estructura.

Para realizar el cierre periférico de la construcción se utilizan cañas (también de las plantaciones habituales del terreno). Aunque pueda parecer extraño, utilizar este material favorece en diferentes aspectos el secado del tabaco, ya que permite el paso del aire, y evita que las corrientes fuertes de aire dañen las hojas del tabaco. Normalmente, este tipo de construcciones se realizan con una orientación concreta, para garantizar la calidad del secado.

Otras construcciones son también abundantes, como son los secaderos de obra (ladrillo, hormigón, etc). Estos son bastante más grandes y tienen una altura mucho mayor. Esto permitía almacenar mayor cantidad de tabaco en el mismo área de terreno.